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DESDE ITALIA. CARTA DE ELENA, VOLUNTARIA DE APEA “GRACIAS POR MARCAR TODOS MIS MOMENTOS FELICES.”

Reggio Emilia, Italia (Agosto, 2015)

Ha acabado hace unos minutos mi ultima actividad en los cinco meses con APEA, es tiempo de volver a Italia. Las despedidas con los niños y con los compañeros de trabajo son intensas y difíciles de digerir para una persona emotiva como yo. Nos encaminamos hacia la movilidad para volver a La Paz y un niño grita mi nombre corriendo hacia mi para dejarme un recuerdo escrito en una hoja, y darme un último abrazo. “Gracias por estar conmigo todos los momentos felices.” Contengo la emoción pero un segundo después entiendo que esta frase resume de la mejor forma mi experiencia en Bolivia.

He viajado a Bolivia con muchas dudas y pocas certezas, no conocía a nadie en un país que hasta aquel momento ni siquiera podía ubicar en el mapa. Había leído todo lo posible sobre el mundo de APEA. Esta realidad me atraía al punto que la indecisión y la incertidumbre que dominaban mi vida se vieron vencidas por un sentimiento de coraje y deseo de hacer. No he tardado mucho en entender que habría pasado cinco meses en hacer algo que me iba a gustar de verdad.

Mi enorme pasión por el deporte ha encontrado un hogar en la visión de APEA: la de utilizar el juego como herramienta educativa trabajando de forma global las dimensiones relacional, emocional, cognitiva y motora del niño y del jóven. Un concepto, si se quiere, intrínseco en la misma definición del deporte, que APEA sin duda alguna desarrolla como nunca he visto en ningún otro contexto deportivo.

El verdadero plus del trabajo con APEA es vivir y hacer experiencia directa de estos conceptos no solo en la teoría, sino en la cancha de forma permanente.

Además, trabajando con compañeros que te abren el camino y están convencidos de lo que hacen. El grupo de trabajo es de lo mejor. Competente y con experiencia, listo para apoyarte en todos momentos. Compañeros de trabajo que hace unos años hicieron el mismo viaje que yo, desde Europa hacia Bolivia. Personas verdaderas que trabajan con humildad para algo grande. 

La idea de estar rodeados por niños y jóvenes de contextos diferentes es el sueño de muchos voluntarios del Occidente. Ellos son efectivamente el motor de todo esto y el hecho que la población juvenil en Bolivia sea mucha justifica el trabajo de APEA y por lo tanto nuestro mismo trabajo de voluntarios. Creo que no exista mejor oportunidad de hacer experiencia en el terreno que con niños que no ven la hora de jugar. Inmediatamente te dirigen una sonrisa que rompe las barreras y llena los corazones.

Lo fundamental es entender que cada segundo con ellos es una oportunidad grande que no se puede desperdiciar. Muchos niños han vivido experiencias difíciles, y la única forma para acompañarles es poner todo nuestro esfuerzo y capacidad en las actividades lúdicas con ellos. No tenemos que hacer otra cosa que contribuir como podemos en sus desarrollo, haciéndoles partícipes y alegres en hacer algo imprescindible en sus vidas, jugar.

Tomar sus manos y crecer con ellos, jugando. “Gracias por estar conmigo todos los momentos felices”.

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